La percepción y los obstáculos del conocimiento

«Todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión. La educación del futuro debe afrontar el problema desde estos dos aspectos: error e ilusión. El mayor error sería subestimar el problema del error; la mayor ilusión sería subestimar el problema de la ilusión»

(Morin, 1999, p. 5)

El conocimiento es un tema complejo, no existen consensos universales sobre cuál es la manera correcta de conocer o siquiera sobre si lo que conocemos en realidad es lo que hay. Este es un tema que trasciende más allá de nuestras propias creencias y tradiciones, la naturaleza de lo que nosotros percibimos está condicionado a lo que nuestro cerebro interprete. Entonces, ¿qué pasaría si nuestro cerebro en realidad nos pudiera engañar? Esta cuestión es la que Donald Hoffman aborda en su Ted Talk: «Do we see reality as it is?«. De entrada, Hoffman deja muy clara una cosa, la realidad objetiva no existe, porque es imposible que nuestro cerebro perciba la realidad sin primero interpretarla, clasificarla y categorizarla. Esta capacidad biológica de los humanos de interpretar nuestro medio es un mecanismo que nos ayuda a generar asociaciones mucho más profundas de lo que lo harían el resto de los animales.

Hoffman pone el ejemplo de una especie de abeja que confundía a una botella de cerveza con su homólogo femenino, porque su programación genética no le permitía distinguir más allá de las características fijas que ya tenía programadas de las abejas hembra. Los humanos, por otra parte, tenemos la capacidad de ir más allá, de llenar con suposiciones los huecos que nos deja la realidad objetiva. Poder hacer suposiciones y abstracciones de nuestro entorno inmediato, nos permite crear un conocimiento mucho más complejo a partir de la simplificación de todo lo que nos rodea. Sin embargo, en este esfuerzo constante que hace nuestro cerebro de llenar los huecos, podemos toparnos con ilusiones que no necesariamente corresponden con la realidad objetiva, sino que obedecen a una lógica de patrones. Aunque puede llegar a parecer un asunto conflictivo, -que nos remonta al dilema del sujeto-objeto-, a final de cuentas es una ventaja evolutiva que nos permite sobrevivir, adaptarnos y crear. El problema está en que mucha gente no reconoce que esto sucede y mucho de la vida cotidiana se produce bajo el supuesto de que nuestro cerebro nunca nos engaña.

Este es exactamente el tema que expone Edgar Morin (1999), en el que nos habla de las limitaciones que tenemos para conocer el mundo. Morin divide estas limitaciones en dos categorías: los errores y la ilusión. Los errores parten de una lógica en la que hay interferencias aleatorias o «ruido» cuando se transmite cualquier información. Estas interferencias influencian la interpretación que el cerebro hace del mundo y surgen la subjetividad interior de quien interpreta. Por esto mismo que Hoffman mencionaba, el humano no puede evitar categorizar lo que percibe, por más objetiva que sea la información que tiene enfrente de sí.

Morin reconoce varias categorías de errores, y las clasifica de la siguiente manera:

  • Errores mentales: Los seres humanos tenemos la capacidad de filtrar el conocimiento de acuerdo con aquello que nos beneficia. Este error es una especie de auto-mentira, en la que uno decide ver lo que quiere, llegando a rechazar e incluso a borrar aquellos recuerdos de experiencias que nos resultan desagradables.
  • Errores intelectuales: Al creer que las ideologías con las que comulgamos son irrebatibles e inmejorables, entramos en una dinámica en la que se rechazan las ideas contrarias. Hay un miedo a lo distinto, a lo adverso, que nos sesga para no poder ver los errores de nuestros propios sistemas de creencias.
  • Errores de la razón: Cuando se intenta racionalizar todo aquello que conocemos, se dejan de lado elementos subjetivos sumamente importantes que forman parte del proceso de conocer. El mundo no es perfecto ni racional, sin embargo hay quienes se empeñan en querer racionalizar todas las cosas que existen, pero no existe una verdadera racionalidad si no se puede reconocer que hay carencias en la propia razón.
  • Cegueras paradigmáticas: Las corrientes de pensamiento en las que estamos inmersos, representan una muestra del paradigma que impregna nuestra forma de conocer. No es lo mismo cómo interpretaba el mundo una persona de la Edad Media inmersa en el paradigma del conocimiento teológico, a una persona que vivió durante el primer surgimiento de la Modernidad, cuando se creía que la ciencia y el conocimiento positivo eran las únicas formas válidas de conocimiento. Los paradigmas nos envuelven y nos influyen, pero pueden llegar a ser los más peligrosos, porque son los más extendidos. Y no es hasta que se falsean las suposiciones de éstos, que se puede llegar una nueva forma de ver el mundo. Resulta impresionante, que nuestra forma de ver el mundo dé origen a paradigmas, pero que sean esos mismos paradigmas los que nos limitan a interpretarlo dentro de límites muy estrechos.

A partir de todas estas complicaciones a nuestra capacidad de conocer objetivamente, ¿qué se puede concluir? Primero, que los seres humanos no somos objetivos, nunca lo hemos sido y nunca los seremos. No tenemos capacidad de ser completamente objetivos ni siquiera biológicamente, los seres humanos necesitamos clasificar e interpretar para poder sentirnos tranquilos, por eso venimos cargando con todas las influencias y aprendizajes que hemos recolectado durante nuestra vida. Segundo, nuestras experiencias moldean nuestras conclusiones de lo que nosotros creemos que creemos, por más irónico que suene. Y por último, nuestras influencias pueden ser controladas en la medida en que las hacemos conscientes. Nunca podremos alcanzar una completa objetividad, eso es solo una ilusión, pero sí podemos intentar ser lo más conscientes posibles de nuestras propias limitaciones, nuestros sesgos y de la manera en que decidimos construir nuestras propias experiencias, para así deslindarnos de los obstáculos que nosotros mismos reconocemos.

16/02/2020: Después de revisar el foro esta semana y generar diálogo con mis compañeros, pude notar que el tema más recurrente dentro del foro era si la realidad era lo que nosotros percibíamos o no. De entrada a mí el concepto de realidad me parece bastante problemático, pues cada quien puede tener su propia interpretación de lo que para sí mismo es la realidad, me dio bastante gusto observar esta disertación en varias participaciones, porque ayudó a darnos cuenta de que en efecto, nosotros no podemos saber si lo que vemos es objetivamente lo que existe enfrente de nosotros, pero sí podemos cuestionarnos las cosas y yo siento que varios estuvimos de acuerdo en que hacer eso es sumamente importante.

Referencias

Morin, E. (1999). Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión. En E. Morin, Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (págs. 5-12). Francia: UNESCO.

Un comentario en “La percepción y los obstáculos del conocimiento

  1. Avatar de alejandradlatorre

    Muy completa tu síntesis, Karla. Sólo habría que aclarar que la realidad objetiva sí existe. Lo que está poniendo en cuestionamiento el científico, es que nuestro acceso a ella es a través de una interpretación, de una re-construcción, y es ésta la que está sujeta a los errores de los que hablan Morin.

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