Nuevas epistemologías

Fuente: Christlieb, P. F. (1993). El conocimiento encantado. Archipiélago: Cuadernos de crítica de la cultura, no. 13, 119-124

Después de leer «El Conocimiento Encantado» de Pablo Fernández Christlieb, me quedé con varias reflexiones. En nuestra sociedad actual, se ha comenzado a objetificar cada vez más a las personas, y esto es algo muy problemático. Sobre todo la epistemología de la distancia me hizo pensar en todas las veces en las que a las mujeres no se les asume como a una igual, sino que se les ve como meros objetos a disposición de otros, especialmente del hombre. Asimismo, me hizo pensar en las personas que se van de viaje a los denominados países en desarrollo, y terminan tomándose fotos con personas en situación de pobreza, solo para poder exhibirlo, como si éstas personas fuesen un mero objeto de decoración.

De hecho, uno pensaría que la objetificación de las personas sería algo que se dejó atrás hace muchos años, pero nuestra realidad inmediata nos ha demostrado lo contrario una y otra vez. Una de las cosas de las que me acordé, fue de una campaña que lanzó Sears a inicio de este año, en el que se retrataba a una mujer indígena al lado de una mujer blanca de clase alta, como si fuera un objeto de decoración que estaba ahí únicamente para hacer «lucir» a la otra. Durante años a grupos como las mujeres en situación de pobreza, los indígenas y las personas con discapacidad se les ha visto como entes ajenos a nuestras realidades, como si su existencia estuviera separada de la nuestra. ¿No es esto sumamente problemático?

Justamente esto es lo que plantea Boaventura De Sousa Santos en su conferencia «Epistemologías del Sur», una crítica a la forma en la que se ha creado el conocimiento a través de lo que él denomina como racionalidad clásica. Desde esta perspectiva eurocéntrica, occidental y de élites científicas, el conocimiento solo es válido porque está descontextualizado, y porque clama que es capaz de crear conocimiento supuestamente universal. Pero, ¿cuál es el punto de partida de este universo? éste se circunscribe al contexto occidental, europeo, y se desestima el conocimiento que venga de otro contexto, pues no ha pasado por este proceso «civilizatorio», porque no es «racional» y porque no se sujeta al universo que perciben los académicos de las corrientes científicas del norte.

La elevación del estatus de la ciencia tradicional a incuestionable, tiene consecuencias terribles en nuestra percepción del conocimiento por medios alternativos. En un intento de explicar el mundo a través de teorías que nos son ajenas, terminamos por querer cambiar nuestro entorno para adaptarse a aquello que se nos impone desde fuera. La desvalorización de los conocimientos tradicionales para desplazarlos con conocimiento científico, nos lleva a crear categorías axiológicas de «bueno» o «malo», en las que se posiciona automáticamente a lo que no encaja con lo «objetivo» o lo «universal», como algo que no es válido.

El colonialismo ha imposibilitado a Europa de aprender de las experiencias del mundo.

Boaventura de Sousa Santos

Epistemologías del sur

Lo que De Sousa Santos denomina como Epistemologías del Sur, es una nueva forma de reconocer el conocimiento que no emana de la ciencia occidental y eurocéntricas. Es aquel conocimiento que nos permite conocer el punto de vista de aquellos grupos que han sido las víctimas en fenómenos de opresión, como el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo. En lugar de escuchar la versión de los vencedores, se escucha la de los vencidos. Lo que propone Sousa Santos, y algo con lo que yo concuerdo, es que lo importante es reconocer que no hay solo una forma válida de crear conocimiento, pues diferentes formas de ver el mundo generan diferentes formas de conocerlo; diferentes contextos generan diferentes percepciones. Y el que algo sea diferente no es un sinónimo de que sea algo malo.

Si siguiéramos la clasificación de Christlieb, la dinámica actual se encontraría en una epistemología de la distancia, en la que se asume a otras formas de conocimiento como algo inferior, con menor validez. Sin embargo, la propuesta de las epistemologías apuesta por una epistemología del encantamiento, en la que se trate al otro no como una antítesis, sino como un igual. Sousa plantea lo que él llama las «ecologías de saberes»: la idea de que no se puede determinar la validez de los diferentes saberes en términos generales abstractos, los saberes valen de acuerdo con la pragmática de la vida (dependiendo de lo que se necesita se usa diferente conocimiento). Por lo tanto, dado que desde la idea de la epistemología del encantamiento, el sujeto es sensible al objeto, es a partir del objeto que debe derivar el conocimiento del sujeto, no desde una manipulación del sujeto del objeto para hacerlo entrar en sus estándares.

Para poder ejemplificar cada tipo de epistemología, me gustaría usar ejemplos de países del Sur, en sintonía con esta temática. Un ejemplo de la epistemología de la distancia que me viene a la mente, es la exotización de los países del Este, como una contraposición de lo occidental. Durante años, en Estados Unidos se utilizó el término peyorativo «La amenaza amarilla» para describir a los inmigrantes asiáticos (especialmente chinos) que llegaban al país en a inicios del siglo XX. Este rechazo venía de la suposición de que su llegada crearía una disrupción de sus «valores occidentales», como la democracia y el cristianismo. Esta conceptualización de la otredad en lo asiático, tenía un trasfondo sumamente racista, en el que su forma de vestir, su color de piel y sus hábitos, eran asociados con categorías contrarias a lo que ellos consideraban como bueno. Su existencia no se percibía como la de iguales, se percibía como lejana, distante, y esta nueva cercanía física se veía retada frente a la distancia creada por los valores de unos y de otros y su percepción como contrarios.

En el caso de las epistemologías de la fusión, en la que el sujeto se funde con el objeto, yo pondría como ejemplo el caso del Islam y los pueblos musulmanes. Su forma de vivir y los valores que impregnan su actuar cotidiano, están muchísimo más ligados con su individualidad que en otras religiones y otras culturas. Se les suele llamar «extremistas» o «fanáticos», pero yo más bien considero que para las personas que practican el Islam, su religión es una extensión de su ser, porque viven de la forma en que su religión les dicta y para ellos ésto hace mucho sentido. Para otras religiones, especialmente las judeo-cristianas, la religión es parte de nuestra vida, pero como un agregado y no necesariamente como un camino. En cambio, para los musulmanes, su religión es una parte fundamental de su identidad, y es una cuestión de orgullo, es un elemento que permea todos los ámbitos de su cotidianidad.

Y por último, para ejemplificar las epistemologías del encantamiento, quiero hablar de los estudios interseccionales, una nueva forma de hacer ciencia, que involucra no solo una forma de hacer conocimiento, sino la conjunción de diversas disciplinas para crear conocimiento mucho más amplio sobre temas que antes se habrían visto desde una sola óptica. Es decir, problemas que antes se habrían analizado solo desde la economía, o solo desde el derecho, ahora se analizan también en conjunto con teoría de género, sociología, psicología, y un sinfín de otras ramas que vuelven mucho más rico el aprendizaje.

Finalmente, me gustaría cerrar con una reflexión. Toda nuestra vida nos han dicho que nuestra aspiración debe ser asemejarnos lo más posible a los países «desarrollados», y para ello les hemos copiado todo, sistemas políticos, sistemas económicos, arquitectura, teorías, entre muchísimas otras cosas más. Pero pocas veces nos ponemos a pensar, que cuando la gente viene a visitar nuestro país, no quieren ir a los edificios que se parecen a lo que han visto siempre; los extranjeros quieren conocer nuestras pirámides, nuestros pueblos tradicionales, quieren probar nuestra comida y esas suelen ser las cosas de las que nos avergonzamos, pero que nos enorgullecen cuando otros las aprecian. ¿Qué tal si empezamos a enorgullecernos nosotros? el ideal está en poder tomar las experiencias de otros para adaptarlas a nuestros propios contextos, y que de nosotros salgan conceptos originales. Hay que dejar de ver a lo tradicional y a lo indígena como algo que solo sirve para entretener, o para exotizar. Nosotros, como pueblos del Sur tenemos mucho que enseñarle al mundo, y necesitamos partir de una posición de igualdad para poder enseñarlo. El mundo está hecho para convivir, no para imponer, y cuando podamos asimilarnos como iguales en este mundo tan desigual, entonces ya no serán necesarias las epistemologías del Sur, pues se volverán simplemente epistemologías.

10/05/2020: Después de leer los comentarios del foro, reafirmé que en efecto todos coincidimos que las epistemologías del Sur están relacionadas con las epistemologías del encantamiento, y de que la mayoría reconocemos la importancia de que comiencen a integrarse otros tipos de conocimiento en la narrativa a la que estamos acostumbrados. Por lo tanto, considero que una manera de hacer esto es comenzar a consultar a más autores que sean especialistas en su campo, pero que no sean necesariamente europeos u occidentales, como una forma de acercarnos a otras formas de pensamiento y perspectivas a las que normalmente no estamos expuestos.

La ética en el conocimiento

Esta semana tuvimos que escoger un caso para analizar que planteara un dilema ético para una persona que tuviera conocimiento en su posesión que podía generar un beneficio generalizado a la sociedad. El caso que yo elegí fue el de Edward Snowden y la filtración de información que hizo de que las agencias de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos espiaban a sus ciudadanos. En este caso, la información que poseía Snowden iba a traer un efecto adverso en su vida, pero sirvió para que el pueblo americano adquiriera consciencia de su situación de vulnerabilidad ante el espionaje gubernamental. Por lo tanto, el conocimiento o la información en este caso tuvo carácter de denuncia, a través de exponer al gobierno se buscaba que la ciudadanía canalizara su indignación en exigir que esta situación no se repitiera en el futuro.

En este caso, el dilema ético principal consistía en tener que decidir entre romper la confianza que su empleador (en este caso el gobierno de los Estados Unidos) había puesto en él (aceptando todas las consecuencias que esto conlleva) y hacer de conocimiento público una serie de situaciones que ponían en jaque el derecho a la privacidad de las personas estadounidenses. Este dilema era una cuestión de auto-preservación contra una destinada a un bien mayor. Snowden sabía que si delataba al gobierno estadounidense, podría enfrentar muchos años de cárcel, y que las personas a su alrededor resultarían afectadas, pero aún así decidió sacarlo a la luz para que esa información pudiera beneficiar a muchísimas más personas que solo a él.

En Relaciones Internacionales, considero que se llegan a dar fenómenos similares. Hay ciertas figuras en la academia o en la política internacional que llegan a percibirse como prácticamente intocables y de quienes muchas veces no se cuestiona su opinión por temor a las consecuencias que ésto pueda traer en la propia reputación o en la posibilidad de conseguir ciertos trabajos en el futuro. Creo que uno de los ejemplos que me viene primero a la cabeza, es la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos en 2004, y el hecho de que a pesar de que en el Consejo de Naciones Unidas la mayoría de las naciones se opusieron a dicha invasión por no haber pruebas contundentes de que Irak en realidad tenía un arsenal secreto de armas nucleares,ningún país tuvo el valor suficiente de contradecirlo. Que Estados Unidos finalmente pudiera invadir y no hubiera ningún país o institución que lo detuviera, demuestra que a pesar de que había quienes se oponían sabiendo que su decisión de invadir era innecesaria, no hubo nadie que le hiciera frente y el pueblo iraquí terminó pagando las consecuencias de esa decisión.

Desde mi opinión personal, yo considero que el conocimiento siempre debe crearse en beneficio de la sociedad, y debe estar encaminado a sacar la verdad de asuntos que se han mantenido sin salir a la luz por culpa de intereses particulares. Por lo tanto, desde mi punto de vista la ética consiste en el discernimiento de las opciones que pueden traer un mayor beneficio dependiendo de la situación, es decir, la ética viene de la mano con revisar los valores a los que estamos atados y cuestionarlos para poder encontrar la acción más apropiada para los dilemas que se nos presentan.

03/05/2020: Después de leer los dilemas éticos de mis compañeros en el foro, y de aportar con el mío, me pude dar cuenta de que la mayoría de los dilemas que llegan a experimentar las personas a nuestro alrededor, están relacionados con no querer afectar a las personas que dependen de ellos/as debido a que si expusieran la situación o escogieran cierta opción, podrían perder su empleo. Considero que de eso se tratan los dilemas éticos en la vida profesional, tener que decidir entre un bien mayor o un bien personal, y por supuesto, la decisión no siempre es fácil.

Ciencia e ideología

Fourez define a los discursos ideológicos como «aquellos que se presentan como una representación adecuada del mundo, pero que tienen más un carácter de legitimación que un carácter únicamente descriptivo» (Fourez, 1998, p. 1). En mis palabras, los discursos ideológicos son aquellos que buscan apelar a la validación a través de ideas, valores o sentimientos compartidos por un grupo en específico de individuos. Es innegable que las ideologías, llevadas al extremo pueden ser perjudiciales para grupos que se oponen a ésta, y usualmente los discursos basados en ideologías tienen como finalidad homologar las ideas de quienes las comparten y que de esta forma haya un menor cuestionamiento hacia ellas.

En mi disciplina, Relaciones Internacionales, un discurso ideológico que yo he encontrado presente en la academia, es que hay países a los que supuestamente se les «da todo» para desarrollarse, pero que no lo hacen porque solo quieren recibir los beneficios y no adoptar los compromisos necesarios. Sobre todo aquellos académicos alineados con la visión occidental, institucionalista y de la cooperación para el desarrollo, son quienes afirman esto basados en la observación de casos en los que países insertos en mecanismos institucionales de cooperación tuvieron malos resultados (como por ejemplo, la percepción de que Grecia dentro de la Unión Europea solo absorbía los beneficios sin comprometerse más en su política interna). Creo que el efecto que estos discursos tienen, es que estigmatizan a un pueblo entero por condiciones específicas en las que estuvieron insertos y no se detienen a analizar las condiciones estructurales que pudieron haber orillado a una situación así.

Desde la posición de privilegio de estos investigadores, se legitima la veracidad de su discurso. Se asume que porque dichas afirmaciones vienen desde Europa, entonces automáticamente son verdaderas y son universales. Sin embargo, no se repara en analizar que la escuela de pensamiento en la que están insertos estos académicos responde a una visión parcial de las situaciones, que en gran medida está condicionada por su contexto. Creo que es importante que cuestionemos de dónde vienen las ideas de quienes las escriben, y si están reproduciendo un discurso que se les fue enseñado como verdadero. Es muy importante tener cuidado en no caer en cegueras paradigmáticas, como ya lo veíamos en otro tema anteriormente, para poder cuestionar a quienes sí lo están haciendo, y entender que sus ideas son un reflejo de un discurso que han interiorizado por años y que no han podido cuestionar, a pesar de dedicarse a la ciencia.

26/04/2020: Después de leer los comentarios en el foro, puedo concluir que muchas veces una de las razones por las que la ciencia se ve muy influenciada por ideologías es debido a que quienes financian los estudios científicos son quienes tienen el dinero suficiente para decidir cómo va a operar ese nuevo conocimiento generado. Además, muchas veces la ciencia se convierte en un club de ciertas personas que no tienen muchas veces perspectiva muchos fenómenos que pasan fuera de su esfera contextual, y por lo tanto terminan permeando ideologías que pueden ser perjudiciales para una mayoría que no encaja en la realidad que ellos perciben. Por lo tanto, considero que se debe cuestionar siempre de dónde viene el conocimiento que consultamos, y revisar quiénes son los que financian las investigaciones, porque pueden tener un gran impacto en la forma en que se presenta la información dependiendo de a quién busque beneficiar o qué discurso intente legitimar.

Referencias

Fourez, Gérard (1998). La construcción del conocimiento científico, Madrid: Narcea Ediciones, Segunda Edición.

Niveles del conocimiento: creer, saber y conocer

1. Según el autor ¿cuál ha sido la concepción tradicional de la verdad que ahora no es posible por la sociedad plural en que vivimos? Antes se creía que solo había una verdad, y usualmente esta se asociaba con el conocimiento que derivaba de las élites intelectuales y no necesariamente de la pluralidad social.

2. ¿Cuál es la vía que propone para seguir criterios de verdad?

Dado que no se puede recurrir a ningún criterio que convierta nuestras ideas o juicios automáticamente en verdades, se debe reconstruir el contexto en el que éste está inserto, para que gracias a este contexto el juicio o idea se convierta en algo plausible.

3. ¿Cuál es la diferencia entre decir que la verdad es relativa y decir que es relacional? Cuando afirmamos que la verdad, eso implicaría que cualquier cosa puede ser verdad o mentira dependiendo del cristal bajo el que se mira, y de esta forma se establece que no existe manera de diferenciar la verdad de la mentira. Decir que la verdad es relacional implica que aquello que es verdad o mentira depende de criterios o parámetros sujetos a un marco de referencia. Esto significa que hay cosas que son verdad en ciertos contextos, porque sus criterios así lo determina, y en otros contextos no lo son.

Condiciones sociales

Esta semana, como actividad previa a la escritura de esta entrada en el blog, se nos indicó que era necesario ver el documental «Los herederos» de Eugenio Polgovski. En esta largometraje de alrededor de hora y media se refleja la forma en la que viven niños y adultos en una comunidad rural. El elemento principal de la obra es observar cómo es que los niños van asumiendo su rol dentro del grupo de individuos al que pertenecen, en este caso, de su comunidad. Desde mi propia interpretación, el que el documental se llame «Los herederos» hace alusión a la forma en la que estos niños se van insertando en las prácticas que su propio medio les requiere, dependiendo de su rol dentro de su entorno social.

La forma en la que uno crece y su entorno, determinan en gran medida cuáles serán las actividades a las que es posible dedicarse. Es decir, si crecemos en un entorno en el que lo que se espera de nosotros es buscar leña, ayudar en el hogar, cuidar a los animales y trabajar en la cosecha, es muy probable que eso terminemos haciendo. Nosotros heredamos lo que nuestro entorno nos da, y hacemos con ello lo mejor que podemos. El que yo naciera en un entorno urbano, con acceso a muchas facilidades que en otras partes del país no están, con completa libertad de elegir lo que quiero hacer en mi vida, implica que yo heredo esas facilidades, mientras que otras personas pueden heredar obstáculos que vienen desde generaciones atrás.

La agencia, es decir, la capacidad que tiene un individuo de influir sobre su entorno y sobre sí mismo, es muy importante si queremos entender dónde estamos parados y qué estamos heredando. La pregunta más común en el debate sobre la agencia, es si el individuo determina su entorno o si su entorno le determina. No es fácil llegar a una respuesta generalizada al respecto, pues mientras quienes tienen los privilegios suficientes para decir que el individuo es quien puede determinar su entorno, aquellos a quienes su entorno los ha determinado siempre van a decir completamente lo contrario.

No igual de fácil que un joven de 20 años que estudia en una universidad privada, que puede conseguir un trabajo gracias a que alguien en su familia conoce a otra persona, y que no tiene que preocuparse por su manuntención, diga que puede cambiar al mundo; a que un mismo joven de 20 años que vive en situación de pobreza y tuvo que dejar de estudiar para poder subsistir, pueda decir lo mismo. Nuestro entorno nos abre puertas y nos constriñe, muchas veces porque estamos insertos en estructuras que van más allá de nosotros, y son elementos que limitan nuestra agencia de manera importante.

La estructura social es un concepto controvertido, pues hay autores que la asumen como un elemento estático y determinado, mientras que hay otros que la asumen como una idea abstracta que no puede comprobarse en lo empírico. Hay otros autores que aseguran que la estructura social es dinámica y está en constante movimiento. Pero dejando de lado el debate ontológico, al buscar una definición concreta de estructura social, me encontré con la siguiente conceptualización:

[…] toda estructura social compleja se descompone en grupos con roles diferenciados y, por ende, complementarios. En este sentido las estructuras definen la posición del grupo en el contexto. Un grupo en el seno de una estructura social compleja «se caracterizará, pues, esencialmente, por su rol, por su situación y por la conciencia que adquiere de sí mismo y de los lazos que le unen con los otros»

(Badía, 1975, p. 23)

Así pues, si bien puede que la estructura en muchos casos no obligue al individuo como una institución coercitiva, la noción de pertenencia a un determinado espacio nos mantiene atados a él y a nuestros propios grupos. Como se menciona, la estructura está conformada por grupos de individuos que asumen roles complementarios y/o diferenciados. Para ello, se crea toda una conceptualización compartida del «otro», en el que el mismo individuo reconoce que tiene un rol dentro de su grupo, en contraposición del que otro tiene en su propio contexto. Por eso, creamos categorías que excluyen, que estigmatizan, para que se pueda mantener esta estructura andando. Se crea toda una narrativa de que somos «los buenos contra los malos», «los pobres contra los ricos», «ellos contra nosotros» y se desarrolla un discurso generalizado en el que el juego siempre se asume como uno de suma-cero, en el que para que unos ganen otros tienen que perder.

La influencia de la estructura sobre nosotros se hace visible desde el momento en que asumimos que nuestro rol en los espacios que concurrimos está dado. Que en nuestro entorno inmediato se necesite de nuestra fuerza de trabajo o no, es una cuestión que está, por mucho, fuera de nuestra capacidad de agencia. Hay toda una serie de cosas que venimos cargando desde el momento en que nacemos, porque a nuestros padres les tocó cargar con ellas también. Las mujeres heredamos la opresión del patriarcado, los hombres heredaron la presión de proveer, los jóvenes heredamos la precariedad, los que nacimos en el siglo XXI heredamos las consecuencias del cambio climático, y todas esas cosas no son culpa de nosotros.

Sin embargo, no hay que olvidar que heredamos cosas buenas también. Heredamos los derechos por los que nuestros antepasados lucharon, heredamos el bienestar, heredamos las facilidades que vinieron gracias a la lucha de nuestros padres y nuestros abuelos, heredamos la tecnología, heredamos una vida más larga y heredamos mucha más libertad, aunque a veces parezca que la estructura nos está destruyendo. Es una realidad, escapar de la estructura es cuestión de privilegios, es cuestión de haber nacido en el grupo social con más facilidades y es cuestión a veces de mucha suerte. Pero tampoco hay que olvidar que la estructura la creamos nosotros, y la otredad se va cayendo conforme nos vamos dando cuenta de que no somos antagonistas; la verdadera otredad está en las estructuras que nos restringen, y son a esas a quien tenemos que cuestionar primero, antes de señalarnos con el dedo.

28/03/2020: Los comentarios vertidos en el foro trajeron a la mesa un asunto muy relevante, el acceso al conocimiento. La pertenencia a cierta clase social condiciona muchísimo del acceso que una persona tendrá al conocimiento en su vida, pues muchas veces esa forma de conocer está impuesta desde la lógica de las clases sociales más privilegiadas. En uno de los comentarios que más me llamó la atención, Alexia mencionaba algo muy atinado, que la educación muchas veces no hace sentido a nuestro contexto. Por ejemplo, los libros de educación básica nos enseñan un montón de cosas que a nosotros nos hacen sentido desde nuestro ámbito urbano, sin embargo en el documental podíamos ver que el conocimiento aplicado en otros contextos no está relacionado con lo académico, sino que son las habilidades prácticas las que tienen una mayor relevancia en la vida de los individuos de esas comunidades en específico, porque su contexto así se los demanda.

Referencias

Badía, J. F. (1975). En torno a los grupos sociales, su jerarquía y la noción de estructura social. Revista de estudios políticos. ISSN 0048-7694. No. 199. Págs. 7-64.

México en el siglo XVIII: La vida y las costumbres

Muchas de las prácticas que mantenemos el día de hoy son reminiscencias de nuestro pasado. Después de alcanzar su independencia, la sociedad mexicana tuvo que adaptarse a una serie de turbulencias y cambios que los hicieron repensar muchas de las prácticas que estaban arrastrando desde la época colonial. La sociedad mexicana del siglo XVIII no tenía tampoco tantas diferencias con la forma social de organización contemporánea; era una sociedad profundamente religiosa, desigual, machista y clasista. Sus usos y costumbres responden a un pasado colonial que entró en conflicto con una necesidad de reinventarse de manera secular, para poder alcanzar el ideal de modernidad de la época.

El modelo de producción de la época era fundamentalmente rural, y el sistema de haciendas y latifundios era el agregado de miles de unidades económicas que mantenían relaciones feudales. Había un señor que manejaba la hacienda, y a su vez indígenas y/o campesinos que la trabajaban a cambio de medios para subsistir. Muchas veces, en ranchos más pequeños que no alcanzaban a ser haciendas completas, se alquilaba a estos indígenas o campesinos para trabajar como jornaleros. (Liss, 1977, p. 275). Los servicios más importantes se encontraban principalmente en las grandes ciudades o exclusivamente en la Ciudad de México, lo cual dejaba en una situación de marginación a las comunidades rurales.

A inicios del siglo XVIII, las autoridades civiles y eclesiásticas eran actores clave que intervenían cuando el hambre o las epidemias azotaban a la población. El pulque era una bebida que servía como suplemento para la escasa nutrición, y además como una forma de recreación para las personas de escasos recursos. La Iglesia, servía como paliativo para aquellas personas que sufrían de enfermedades cuya cura aún no estaba disponible en México o que todavía no había diagnósticos disponibles en el país. Además, las costumbres religiosas eran predominantes tanto en el ámbito público como en el privado, en el ámbito privado destacaba principalmente la veneración de imágenes religiosas, santos y rituales que indicaba la Iglesia católica. (Gonzalbo, 2004, p. 14-15).

La relación entre hombres y mujeres era problemática como lo sigue siendo el día de hoy, pero en ese entonces las disparidades eran aún más marcadas. La percepción del matrimonio entonces, era una de conveniencia familiar, es decir, que los hombres y las mujeres se casaban entre sí para satisfacer el interés de la familia. Las mismas mujeres se asumían como inferiores al hombre, y aceptaban su papel dentro de esta sociedad patriarcal, que las constreñía y las hacía menos constantemente. (Gonzalbo, 2004, p.15)

22/03/2020: Después de leer las opiniones vertidas en el foro, puedo concluir que el momento y el lugar en el que crecemos tiene mucho que ver en la forma en la que veremos las cosas durante nuestra vida. Principalmente, porque hay valores compartidos dependiendo de la época en la que alguien viva, es por eso que muchas de las ideas de nuestros padres o abuelos nos parecen retrógradas o conservadoras. La realidad es que sus ideas reflejan la época en la que vivieron y es muy difícil cambiarlas, porque son los valores con los que crecieron; aunque eso no quiere decir que cambiarlas sea imposible.

Referencias

Gonzalbo, P. (2004). El siglo XVIII: entre tradición y cambio. Historia de la vida cotidiana en México, 13-17.
Liss, P. K. (1977). México en el siglo XVIII: Algunos problemas e interpretaciones cambiantes. Historia Mexicana, 273-315.

Cultura y socialización

La cultura abarca un espectro muy amplio de situaciones que nos van moldeando a lo largo de nuestra vida. Desde mi comprensión, la cultura implica todas aquellas prácticas, costumbres, tradiciones, valores y creencias que comparte un grupo de individuos en un espacio y un tiempo más o menos determinado. Desde mi punto de vista, para que una cultura pueda considerarse como tal, las prácticas o convenciones a seguir deben ser conscientemente transmitidas de un miembro a otro de la sociedad.

Lo aceptado y no aceptado está definido por cada sociedad y se le impone a sus miembros una adhesión a estos códigos de conducta. Salirse de estos lineamientos lleva a un mecanismo que yo considero esencial para explicar cómo es que vamos adoptando estas formas de comportarnos: la vergüenza. Durante toda nuestra vida, nos enseñan que tenemos que tenemos que adoptar comportamientos específicos para poder ser aceptados en contextos específicos. No apegarnos a ellos, usualmente conlleva un castigo social: rechazo en un cierto grupo, un regaño de los padres, una reprimenda de los maestros, una mirada juzgona de parte de los amigos, y muchas otras más. Estas situaciones nos condicionan a sentir vergüenza cuando no cumplimos con las expectativas culturales impuestas en nosotros o cuando actuamos fuera de ese cuadrito de reglas sociales dentro del que siempre nos tenemos que mantener.

Estos usos y costumbres los vamos adquiriendo gracias a nuestro entorno, pero lo hacemos a diferentes niveles. La jerarquización que yo haría de los grupos de influencia que nos rodean va de la siguiente forma:

  1. Familia.
  2. Amigos/as o personas de nuestra edad.
  3. Escuela.
  4. Medios de comunicación.
  5. Iglesia/religión.

Estas instituciones son las encargadas de marcarnos la pauta de cuáles son los comportamientos aceptados y cuáles no lo son. También, son las que nos dan el ejemplo de cómo se deben hacer las cosas, y son de igual forma los que nos señalan cuando nos salimos de esta forma predefinida.

La socialización, por otro lado, podemos definirla de dos maneras diferentes:

«La socialización es el proceso por el cuál la persona humana aprende e interioriza durante el curso de su vida todos los elementos socio-culturales de su medio, los integra a la estructura de su personalidad bajo la influencia de experiencias y agentes sociales significativos, y a través de ellos se adapta al ambiente social en el que debe vivir» (Rocher, 1970, p.32)

«Proceso de interacción entre la sociedad y el individuo, por el que se interiorizan las pautas, costumbres y valores compartidos por la mayoría de los miembros de la comunidad, se integra la persona en el grupo, se aprende a conducirse socialmente, se adapta el hombre a las instituciones, se abre a los demás, convive con ellos y recibe la influencia de la cultura, de modo que se afirma el desarrollo de la personalidad» (Fermoso, 1994, p.172)

Retomando pues estas dos definiciones, podemos hablar de que la socialización es el proceso mediante el cuál un individuo incorpora en su identidad los elementos que vienen desde la cultura. Estos procesos de socialización pueden dividirse en dos etapas:
1) La socialización primaria, que se considera como la introducción del individuo a la sociedad y a sus dinámicas, durante sus primeros años de vida. Durante esta etapa, los niños y las niñas asumen las imposiciones externas desde sus agentes cercanos con los que mantienen relaciones afectivas y/o emocionales (la familia, principalmente).
2) La socialización secundaria, que empieza a partir de los 7 años aproximadamente, e implica el momento en el que el individuo se da cuenta de que existen otros espacios de pertenencia además del de su familia. Es aquí cuando comienzan a influir en mayor o menor medida, instituciones como la escuela, los amigos/as, los medios de comunicación y otros más que van construyendo la identidad individual de esa persona.

Esta percepción individual de la necesidad de pertenecer a algún grupo en específico es parte de la construcción de la identidad. Giménez (2004) nos habla de que la identidad parte de la idea que nos creamos de quiénes somos, en contraste con el colectivo, es decir, los demás. Se puede identificar una identidad colectiva basada en los valores y creencias compartidos, y a partir de ahí ir configurando un concepto individual que tome aspectos de estos elementos, pero que al mismo tiempo nos permita expresar características distintivas de nosotros mismos. Podemos ejemplificarlo con el documental de Bebés, en el que los primeros años de vida son determinantes para las conductas que los niños van a adoptar en el futuro; algunos niños jugaban en la tierra y eso era bien visto, otros jugaban con animales, otros jugaban con otros niños, y dependiendo de los usos y costumbres de cada región es la forma en que cada niño va adquiriendo las nociones de lo que es aceptado y lo que no lo es.

En conclusión, la cultura que tenemos va a afectar en gran medida también cómo es que conocemos, pues nuestras creencias, nuestras costumbres y nuestros valores muchas veces podrán chocar con las posturas de ciertos autores o escuelas de conocimiento. Lo importante es reconocer que tenemos esas ideas dentro de nosotros y poder formar nuestro propio criterio de cuáles cosas enriquecen nuestra forma de ver el mundo, o cuáles nos hacen mucho sentido, a pesar de ser completamente contrarias a las ideas que nos han impuesto toda la vida. Del contraste nace el pensamiento crítico, y uno de los elementos claves para adquirir conocimiento nuevo, es reconocer nuestros contextos y los de las personas que consultamos, para poder crear un ejercicio mucho más profundo que solo negarnos a conocer otras realidades.

15/03/2020: Después de leer las intervenciones en el foro y de interactuar con las publicaciones de mis compañeros, me di cuenta de que todos consideramos que la cultura mexicana tiene cosas buenas y cosas de las que no estamos tan orgullosos. Una de las cosas que más me llamó la atención fue ver que varios compañeros mencionaban que culturalmente estamos acostumbrados a que no haya consecuencias si no seguimos las reglas, y en gran medida el que otros las sigan se nos hace algo extraño cuando estamos en otros contextos diferentes al nuestro. Es parte de nuestra cultura porque es algo que aceptamos y que damos por hecho la mayoría de las veces, sin embargo habría que preguntarnos, ¿nos sentiríamos cómodos si dejáramos de hacerlo o lo sentiríamos como una afrenta a nuestra cultura?

Referencias
Fermoso, P. (1994). Pedagogía Social. Barcelona: Herder.
Gasser, P. (2016). Procesos de socialización, referentes y modelos sociales en niños que viven en las cárceles bolivianas (Tesis doctoral). Universidad Complutense de Madrid, Madrid. Pp. 84-85.
Giménez, G. (2004). Culturas e identidades. Revista Mexicana De Sociología, 66, 77-99. doi:10.2307/3541444
Rocher, G. (1990). Introducción a la Sociología general. Barcelona: Herder.

¿Por qué lo bello se considera bello?

Lo que es bello es una idea. La percepción de la belleza está condicionada a una experiencia subjetiva de quien experimenta algo a través de los sentidos, pero es algo muy difícil de definir. La Estética, rama de la filosofía dedicada al estudio de los llamados «juicios del gusto», nos permite vislumbrar intentos de entender a profundidad por qué es que algo puede ser bello. Sin embargo, no existe un criterio unificado de qué es bello y qué no lo es, por más que socialmente nos inciten a creer que sí. La cuestión de la belleza es un problema epistemológico complejo, pues nos lleva a pensar: ¿la percepción de lo bello es algo personal o algo impuesto? ¿qué es la belleza? ¿por qué hay cosas que para algunos son repulsivas y para otros son bellas?

Preguntarnos acerca de lo bello nos lleva a reflexionar nuestras propias categorías y a cuestionarlas. En el texto, Esbozo sobre la belleza de Juan Carlos Núñez, se nos invita a considerar un concepto muy interesante: ¿por qué encontramos belleza en cosas que normalmente no nos resultarían bellas? La respuesta no nos la proporciona, pero nos invita a reflexionar sobre un problema epistemológico importante, ¿qué tanto de lo que creemos que no es bello parte de una construcción social?

Para ilustrar este problema me gustaría poner una costumbre que a las mujeres se nos impone desde jóvenes: remover el vello de nuestro cuerpo. ¿Por qué se considera que una mujer con vello corporal no es bella, comparada con una que sí? El Museo de la Mujer en California nos cuenta la historia de cómo es que esta práctica comenzó a normalizarse a partir de la entrada del siglo XX. La remoción del vello corporal femenino fue una estrategia de tres industrias muy importantes: la industria de la moda femenina, la industria masculina de remoción de vello y la industria de las revistas para mujeres. Como una estrategia para explotar a la mujer como nueva consumidora en un mercado que antes no existía, se comenzó a expandir la idea de que una mujer sin vello corporal era bella, y que de lo contrario, su aspecto no sería deseable. Durante miles y miles de años, las mujeres no necesitaron depilarse el cuerpo para que se validara su belleza, pero dado que a través de los años se ha convertido en una práctica obligada, pocas veces se llega a cuestionar por qué se le asigna la categoría de bello. ¿Acaso si Gillette nunca hubiera puesto tanto empeño en que las mujeres también compraran rastrillos, se seguiría viéndolo como algo deseable?

No hay que olvidar que, a final del día, la idea de lo bello se mantiene solo como eso, como una idea. Si tenemos concepciones internas o impuestas desde afuera sobre lo que es bello, no podemos saberlo objetivamente, porque hay muchísimas cosas que desconocemos. Lo que sí es posible, es cuestionar de dónde vienen nuestras ideas de lo bello y quién nos las dijo. Lo bello es algo que se percibe desde la subjetividad, aunque nos hagan creer que existen cánones objetivos de lo bello. El poder reconocer que una categoría de belleza es problemática, no es garantía de que dentro de nosotros no existan un millón más, pero sí nos permite darnos cuenta de que lo que para nosotros puede ser bello, no necesariamente está mal por salirse del estándar.

Género, trabajo y amor romántico: ¿por qué es relevante hablar de esto?

Género

El género es el resultado de procesos culturales que nos van construyendo como hombres y mujeres. Esta clasificación de ser hombres o mujeres no tiene raíz en la biología, sino que se va construyendo a partir de nuestro entorno cultural. Por lo tanto, la identidad de género es una construcción social que se traduce en una percepción interior de ser hombre, mujer o cualquier otra clasificación que pueda existir en el amplio espectro de la identidad (Coll-Planas, 2013, p. 25-27).

Desde mi propia definición, el género son una serie de conductas a seguir que se nos imponen desde que nacemos, de acuerdo con nuestras características biológicas. A pesar de que el género se asigne de acuerdo con los rasgos biológicos reconocibles que tenemos al nacer, las conductas que se diferencian entre hombres y mujeres no tienen que ver con la biología. El que los hombres se vistan de azul y las mujeres de rosa es tan arbitrario como podría ser que las mujeres comiéramos queso y los hombres leche solamente por el hecho de ser asignados a un género o al otro. Las conductas que se nos imponen desde pequeños están relacionadas con relaciones de poder en las que lo femenino se ha definido como débil, irracional y secundario; mientras que lo masculino se ha asociado con poder, valentía y racionalidad.

Para mí, lo más importante es el concepto de identidad de género, es decir, la expresión que hacemos de nosotros mismos de acuerdo con nuestra auto-percepción del género que elegimos (o no) apegarnos. La sociedad nos ha hecho creer que solo podemos encasillarnos en una binariedad de hombre-mujer, masculino-femenino, macho-hembra, que lo único que hace es restringir nuestra propia individualidad. La expresión de género puede ser todo aquello que nosotros querramos que sea, sin tener que limitar nuestra conducta solo por las condiciones biológicas con las que nos tocó nacer.

Trabajo

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (2004), el trabajo se puede definir como un «conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios en una economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento necesarios para los individuos». El trabajo es diferente al empleo, pues el empleo implica necesariamente un pago a cambio de la actividad realizada.

Definiéndolo con mis propias palabras, el trabajo son todas aquellas actividades que realizamos en nuestra vida diaria, que tienen como objetivo nuestra subsistencia. Por subsistencia, deben entenderse aquellas cosas que nos permiten la supervivencia y la recreación, es decir, comida, prendas, vivienda y ocio. Muchas veces se confunde el trabajo con el empleo, pues se asume que todo trabajo debe ir acompañado de remuneración, pero de esa forma se excluiría el trabajo doméstico no remunerado, que es una pieza fundamental para poder asegurar la subsistencia de quienes viven en un hogar en específico. Por lo tanto, desde mi definición, toda actividad que propicie el aseguramiento de la subsistencia propia y de otros, califica como trabajo.

Amor romántico

De acuerdo con la definición de Carlos Yela (2003), el concepto del amor romántico se basa en el «conjunto de creencias respaldadas a nivel social sobre lo que se entiende por amor; dichas creencias pueden conllevar una serie de consecuencias como el surgimiento de relaciones sentimentales marcadas por la dependencia emocional, hecho que puede provocar el abandono de la propia intimidad e identidad para adaptarse al otro». A raíz de este concepto derivan otros, conocidos como «mitos» que se perpetúan respecto a la idea del amor romántico:

  1. Amor omnipotente: La idea de que la solución a todos los problemas que tenemos es el amor, y que incluso los problemas que van emergiendo en una relación se pueden resolver simplemente porque se está enamorado(a).
  2. Exclusividad y fidelidad: Se basa en que si una persona está en una relación, automáticamente pierde el interés en todas las otras personas y ya no es posible encontrar a atractivo(a) a nadie más además de su pareja.
  3. Emparejamiento: Concepto de que si no se está en una relación de pareja, automáticamente la persona es infeliz.
  4. Media naranja: Idea de que no se puede tener verdadera felicidad, hasta encontrar a la otra persona que nos «complementará» y llenará los vacíos que llevamos toda nuestra vida cargando.
  5. Libre albedrío: Falsa noción de que no existen presiones externas al momento de elegir una pareja, sino que esta elección nace fundamentalmente de las preferencias individuales de cada persona y sus gustos.
  6. Amor como posesión/celos: Se asume que los celos son una «prueba de amor» que reafirma un sentido de «pertenecerle» a la otra persona.
  7. Matrimonio: Idea de que el amor, para ser considerado como verdadero, debe desembocar eventualmente en matrimonio.
  8. Equivalencia o pasión eterna: Consiste en confundir el amor con el enamoramiento, asumiendo que en el momento en que se deja de experimentar esta atracción pasional por alguien, entonces termina el amor.
  9. Ambivalencia: Peligrosa idea de que el amor viene acompañado de violencia, y de que a veces esta misma violencia puede ser una prueba de amor.

Desde mi propia definición, el amor romántico es una idealización que se hace de lo que las relaciones amorosas y el amor deben ser. Esta idealización viene acompañada de una serie de «requisitos» que una relación debe tener para poder considerarse como «ideal» o «perfecta», mismos que muchas veces implican imposiciones de poder y co-dependencia, como un reflejo de lo que se espera de una pareja. Además, a través de el amor romántico, se perpetúan estereotipos de género y conductas que alienan a las personas involucradas, al convertir a su relación en el centro de su vida, descuidando sus otras relaciones interpersonales.

¿Qué pasaría si fuera diferente?

Una vez estaba platicando con un amigo sobre qué pasaría si no existieran los géneros, que nadie fuera hombre ni mujer, sino que cada quién pudiera decidir qué quiere ser. La respuesta de mi amigo me dejó pensando mucho: «Seríamos libres» dijo él. En ese momento pensé, en que lo único que nos traería que no existieran estas expectativas sería libertad. Si nuestras nociones sobre el género, el trabajo o el amor fueran otras, definitivamente tendríamos una mayor capacidad de agencia sobre nuestras vidas y el cómo las decidimos vivir. Binarizar el género, precarizar el trabajo o romantizar el amor, lo único que nos crea son expectativas, y muchísimo malestar cuando no podemos cumplirlas. Creo firmemente que si tuviéramos libertad de ser quienes somos, trabajar en lo que queremos y amar como pudiéramos, seríamos infinitamente más libres.

Sin embargo, creo que es muy importante resaltar que las categorías no son estáticas, nosotros podemos vivir una vida en la que nos deslindemos de estas expectativas, aunque en muchas ocasiones sea muy difícil. Cuestionar estas estructuras que se nos imponen, es el primer paso para cambiarlas. Basta con ver todos los movimientos feministas, LGBT+, huelgas laborales alrededor del mundo y movimientos políticos en contra de la violencia entre parejas. La percepción del género está cambiando, la precarización del empleo se está visibilizando y cada vez más hay más personas que deciden amar en sus propios términos. Desgraciadamente no podemos destruir todas las ideas preconcebidas en nuestra sociedad, pero podemos ir modificándolas poco a poco para volvernos un poquito más libres cada día. Solo creo que es muy importante no olvidar que para cambiar el entorno, primero debes cambiar tú mismo, porque si no te das cuenta de cómo te influencia tu entorno, es muy difícil que dejes de reproducir estas conductas. Hay que pelear cada día por poder ser un poquito más libres.

01/03/2020: Después de ver las opiniones de esta semana en el foro, puedo concluir que muchos coincidimos en que las categorías que se nos imponen no son permanentes ni innamovibles, y que la mejor manera de poder cambiarlas es cuestionándolas y cuestionándonos a nosotros mismos. Si no podemos ver que las cosas que hemos creído toda nuestra vida son construcciones ajenas a nosotros, no podremos romper con ellas.

Referencias

Cerro, M. y Vives, M. (2019) Prevalencia de los mitos del amor romántico en jóvenes. OBETS. Revista de Ciencias Sociales, 14(2): 343-371. doi: 10.14198/OBETS2019.14.2.03.
Coll-Planas, G., & Vidal, M. (2013). Dibujando el género. Barcelona: Editorial EGALES.
Yela, C. (2003). La otra cara del amor: mitos, paradojas y problemas. Encuentros en Pedagogía Social, 1 (2), 263-267.
OIT. (9 de Agosto de 2004). ¿Qué es el trabajo decente? Obtenido de Organización Internacional del Trabajo: https://www.ilo.org/americas/sala-de-prensa/WCMS_LIM_653_SP/lang–es/index.htm?shared_from=shr-tls

¿Por qué quiero una pareja?

El amor romántico nos ha destruido el amor. La idealización de las relaciones de pareja impuesta por la sociedad, nos ha llevado a creer que el amor es la solución a todos los males de nuestra vida. Es importante, primero, reconocer que las relaciones de pareja no son necesariamente la única forma de amor o el vehículo hacia éste. En segundo lugar, el amor no es fundamentalmente igual al enamoramiento, pues mientras que el primero nos habla de una emoción basada en el compromiso y la preocupación por el otro, el segundo hace alusión más bien a un estado de fascinación por una persona que nos parece ideal. Desde mi percepción, uno de los fenómenos que más nos afectan como seres humanos en nuestras relaciones es la idealización del amor, gracias a la forma en que se nos presenta desde que somos pequeños.

A lo largo de esta entrada, estaré utilizando a manera de análisis y como un ejercicio personal, partes de varias de mis canciones favoritas, escenas de mis películas o series favoritas e incluso citas de libros que me gustan o que en su momento me gustaron mucho. ¿Por qué? porque las nociones que tenemos del amor parten en gran medida de lo que consumimos, es decir, la música que escuchamos o las películas y series que vemos tienen un fuerte impacto en nosotros, porque nos crean estándares muy problemáticos sobre cómo es que se tiene que sentir el amor para ser considerado como «la relación ideal» o «el amor verdadero». «

«Confesaré, ha vuelto aquella fiebre de siempre
Y tras la ventana, desnudaba a la mitad de la gente
¿Por qué sus vidas me parecen mejor?
Si no he aprendido, ya no hay solución
Te nombro culpable de mi gris situación»

Los seres únicos, Love of Lesbian

El primer problema que pude encontrar después de leer la entrada de blog de Coral Herrera Gómez fue algo muy específico: las personas usamos el amor como una forma de no estar aburridos. Se le ha dado al amor una categoría de excepcionalidad, que nos ha llevado a creer que al encontrar a alguien de quien nos enamoremos, entonces nos embarcaremos en un mar de aventuras y experiencias que nunca hemos tenido antes. La realidad es que las relaciones amorosas son solo un elemento más de nuestra cotidianeidad, que aunque nos puede brindar una inmensa felicidad, no implica que solo por ello dejaremos de estar sujetos a nuestras vidas actuales. Tener una relación amorosa no quiere decir que vas a empezar una vida completamente nueva, solo implica que vas a integrar a una persona especial a tu día a día. El amor es un proceso de compartir tu vida con alguien nuevo, alguien que te dará una nueva perspectiva sobre las cosas, pero si no estás conforme con la forma en la que estás viviendo, tener una pareja no resolverá tus crisis, puede que solo las empeore.

«And all at once, you are the one I have been waiting for
King of my heart, body and soul,
And all at once, you are all I want, I’ll never let you go
King of my heart, body and soul»

-King of my heart, Taylor Swift-

Pasando a la segunda cuestión más problemática del amor romántico, existe una noción generalizada de que existe una persona, que será la que vendrá a solucionar todos nuestros problemas, a completarnos y a darnos todas esas cosas que hemos estado esperando a lo largo de nuestra vida. *Spoiler alert* Esa persona no existe. La idealización de las personas únicamente nos lleva a decepción, enojo e irresponsabilidad. Una pareja no viene a resolver todos los problemas emocionales que hemos acumulado a lo largo de los años, ni va a venir a darnos la fórmula mágica para dejar de estar insatisfechos con nuestras vidas. Idealizar a una persona conlleva también transferirle la responsabilidad de tu bienestar, lo cual es un acto sumamente irresponsable. La realidad es que todos somos personas imperfectas intentando encontrar nuestro lugar en el mundo, que a lo largo del camino se irán topando con personas que las harán sentir felices. El asunto esencial aquí es que no necesitamos una pareja, podemos decidir tener una, pero esta decisión no debe estar basada en una necesidad de llenar vacíos, porque no existe persona en el mundo que pueda completar a alguien que ni siquiera sabe que está incompleto.

Las expectativas de amor romántico nos llevan a una última situación, la cúspide del amor romántico sigue siendo la romantización del matrimonio. Esta situación no nos es ajena a ninguna de las mujeres, a quienes se nos impone que para estar completas, debemos encontrar al «hombre ideal» (siguiendo las expectativas sociales heteronormadas), quien será el que nos rescate, será nuestro príncipe y nos llevará a una vida eterna de felicidad en la que no tendremos que preocuparnos nunca por nada, solo por estar a su lado. Perpetuar esta idea de que el amor deriva de la dependencia, es sumamente problemático, pues nos inserta en una dinámica en la que dejamos de ser considerados como personas independientes, con ideas propias, que tienen sueños y aspiraciones que van más allá de solo desear conocer a alguien y casarnos. Al decir esto, no es que esté demeritando al matrimonio como una muestra de un amor y un compromiso tan profundos, que dos personas decidan estar juntas en todo, incluso frente la ley.

El problema de la romantización del matrimonio, es que lo convierte en un fin y no en un medio que sirve como otra forma de reafirmar el amor que dos personas se tienen. Socialmente se nos ha impuesto que el fin último del amor debe ser el matrimonio, con todo y que nunca estaremos completos si no llegamos a cumplir esta expectativa social. Por lo tanto, la presión de tener una relación perfecta a ojos ajenos, nos arrastra en un montón de dinámicas que terminan por mermar nuestra relación con nuestra pareja, con los otros y con nosotros mismos. El amor debe ser una decisión libre, consensuada, llena de compromiso y aceptación por el otro, que nos hace sentir tranquilos, aunque a la vez emocionados. Tener una relación solo por tenerla o por creer que será dramática, épica y excepcional como en las películas o la música, únicamente nos llevará a una constante insatisfacción. Amar no debería ser un fin, sino algo que solo sucede, que nos vuelve felices y nos deja ver el mundo de una manera diferente.

22/02/20: Después de haber leído los comentarios en el foro, me di cuenta de que varias personas coincidimos en que el problema principal del amor romántico está en idealizar las relaciones de acuerdo con lo que nos han vendido toda la vida. Sin embargo, aunado a ello, hay un aspecto importante que mencionó una compañera, el hecho de que nosotros seamos víctimas de la idealización de alguien y de pensar que alguien va a arreglar todos nuestros problemas, se puede ver desde el otro lado también. Hay veces en que llegamos a estar en una relación y sentimos la responsabilidad de «arreglar» a la otra persona, porque eso es lo que se espera de nosotros y solo a través de ello nuestra pareja llegará a ser feliz. A la larga, esta dinámica termina siendo sumamente desgastante para la persona que adopta el papel de «salvador» y puede desembocar en aún más dificultades para ambas partes.