Cultura y socialización

La cultura abarca un espectro muy amplio de situaciones que nos van moldeando a lo largo de nuestra vida. Desde mi comprensión, la cultura implica todas aquellas prácticas, costumbres, tradiciones, valores y creencias que comparte un grupo de individuos en un espacio y un tiempo más o menos determinado. Desde mi punto de vista, para que una cultura pueda considerarse como tal, las prácticas o convenciones a seguir deben ser conscientemente transmitidas de un miembro a otro de la sociedad.

Lo aceptado y no aceptado está definido por cada sociedad y se le impone a sus miembros una adhesión a estos códigos de conducta. Salirse de estos lineamientos lleva a un mecanismo que yo considero esencial para explicar cómo es que vamos adoptando estas formas de comportarnos: la vergüenza. Durante toda nuestra vida, nos enseñan que tenemos que tenemos que adoptar comportamientos específicos para poder ser aceptados en contextos específicos. No apegarnos a ellos, usualmente conlleva un castigo social: rechazo en un cierto grupo, un regaño de los padres, una reprimenda de los maestros, una mirada juzgona de parte de los amigos, y muchas otras más. Estas situaciones nos condicionan a sentir vergüenza cuando no cumplimos con las expectativas culturales impuestas en nosotros o cuando actuamos fuera de ese cuadrito de reglas sociales dentro del que siempre nos tenemos que mantener.

Estos usos y costumbres los vamos adquiriendo gracias a nuestro entorno, pero lo hacemos a diferentes niveles. La jerarquización que yo haría de los grupos de influencia que nos rodean va de la siguiente forma:

  1. Familia.
  2. Amigos/as o personas de nuestra edad.
  3. Escuela.
  4. Medios de comunicación.
  5. Iglesia/religión.

Estas instituciones son las encargadas de marcarnos la pauta de cuáles son los comportamientos aceptados y cuáles no lo son. También, son las que nos dan el ejemplo de cómo se deben hacer las cosas, y son de igual forma los que nos señalan cuando nos salimos de esta forma predefinida.

La socialización, por otro lado, podemos definirla de dos maneras diferentes:

«La socialización es el proceso por el cuál la persona humana aprende e interioriza durante el curso de su vida todos los elementos socio-culturales de su medio, los integra a la estructura de su personalidad bajo la influencia de experiencias y agentes sociales significativos, y a través de ellos se adapta al ambiente social en el que debe vivir» (Rocher, 1970, p.32)

«Proceso de interacción entre la sociedad y el individuo, por el que se interiorizan las pautas, costumbres y valores compartidos por la mayoría de los miembros de la comunidad, se integra la persona en el grupo, se aprende a conducirse socialmente, se adapta el hombre a las instituciones, se abre a los demás, convive con ellos y recibe la influencia de la cultura, de modo que se afirma el desarrollo de la personalidad» (Fermoso, 1994, p.172)

Retomando pues estas dos definiciones, podemos hablar de que la socialización es el proceso mediante el cuál un individuo incorpora en su identidad los elementos que vienen desde la cultura. Estos procesos de socialización pueden dividirse en dos etapas:
1) La socialización primaria, que se considera como la introducción del individuo a la sociedad y a sus dinámicas, durante sus primeros años de vida. Durante esta etapa, los niños y las niñas asumen las imposiciones externas desde sus agentes cercanos con los que mantienen relaciones afectivas y/o emocionales (la familia, principalmente).
2) La socialización secundaria, que empieza a partir de los 7 años aproximadamente, e implica el momento en el que el individuo se da cuenta de que existen otros espacios de pertenencia además del de su familia. Es aquí cuando comienzan a influir en mayor o menor medida, instituciones como la escuela, los amigos/as, los medios de comunicación y otros más que van construyendo la identidad individual de esa persona.

Esta percepción individual de la necesidad de pertenecer a algún grupo en específico es parte de la construcción de la identidad. Giménez (2004) nos habla de que la identidad parte de la idea que nos creamos de quiénes somos, en contraste con el colectivo, es decir, los demás. Se puede identificar una identidad colectiva basada en los valores y creencias compartidos, y a partir de ahí ir configurando un concepto individual que tome aspectos de estos elementos, pero que al mismo tiempo nos permita expresar características distintivas de nosotros mismos. Podemos ejemplificarlo con el documental de Bebés, en el que los primeros años de vida son determinantes para las conductas que los niños van a adoptar en el futuro; algunos niños jugaban en la tierra y eso era bien visto, otros jugaban con animales, otros jugaban con otros niños, y dependiendo de los usos y costumbres de cada región es la forma en que cada niño va adquiriendo las nociones de lo que es aceptado y lo que no lo es.

En conclusión, la cultura que tenemos va a afectar en gran medida también cómo es que conocemos, pues nuestras creencias, nuestras costumbres y nuestros valores muchas veces podrán chocar con las posturas de ciertos autores o escuelas de conocimiento. Lo importante es reconocer que tenemos esas ideas dentro de nosotros y poder formar nuestro propio criterio de cuáles cosas enriquecen nuestra forma de ver el mundo, o cuáles nos hacen mucho sentido, a pesar de ser completamente contrarias a las ideas que nos han impuesto toda la vida. Del contraste nace el pensamiento crítico, y uno de los elementos claves para adquirir conocimiento nuevo, es reconocer nuestros contextos y los de las personas que consultamos, para poder crear un ejercicio mucho más profundo que solo negarnos a conocer otras realidades.

15/03/2020: Después de leer las intervenciones en el foro y de interactuar con las publicaciones de mis compañeros, me di cuenta de que todos consideramos que la cultura mexicana tiene cosas buenas y cosas de las que no estamos tan orgullosos. Una de las cosas que más me llamó la atención fue ver que varios compañeros mencionaban que culturalmente estamos acostumbrados a que no haya consecuencias si no seguimos las reglas, y en gran medida el que otros las sigan se nos hace algo extraño cuando estamos en otros contextos diferentes al nuestro. Es parte de nuestra cultura porque es algo que aceptamos y que damos por hecho la mayoría de las veces, sin embargo habría que preguntarnos, ¿nos sentiríamos cómodos si dejáramos de hacerlo o lo sentiríamos como una afrenta a nuestra cultura?

Referencias
Fermoso, P. (1994). Pedagogía Social. Barcelona: Herder.
Gasser, P. (2016). Procesos de socialización, referentes y modelos sociales en niños que viven en las cárceles bolivianas (Tesis doctoral). Universidad Complutense de Madrid, Madrid. Pp. 84-85.
Giménez, G. (2004). Culturas e identidades. Revista Mexicana De Sociología, 66, 77-99. doi:10.2307/3541444
Rocher, G. (1990). Introducción a la Sociología general. Barcelona: Herder.

Un comentario en “Cultura y socialización

  1. Avatar de alejandradlatorre

    Muy útiles tus respuestas, y muy buena reflexión resulado del foro, Karla. Podemos decir que la socialización es el proceso mediante el cual adquirimos la cultura de nuestro entorno. Esto quiere decir que aprendemos los significados y las prácticas que se han configurado en la sociedad donde nos tocó desarrollarnos. Me parece interesante lo que expones sobre el parámetro de la verguenza, y eso por supuesto que tienen que ver con la socialización y su contenido moral (el comportamiento correcto).
    Este proceso es acompañado a través de diversas instituciones en un proceso primario y secundario, como bien mencionas. Y nos ayuda a ver con claridad la interrelación entre conocimiento y cultura. Una interacción que ciertamente no siempre arroja contenidos positivos.

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