Lo que es bello es una idea. La percepción de la belleza está condicionada a una experiencia subjetiva de quien experimenta algo a través de los sentidos, pero es algo muy difícil de definir. La Estética, rama de la filosofía dedicada al estudio de los llamados «juicios del gusto», nos permite vislumbrar intentos de entender a profundidad por qué es que algo puede ser bello. Sin embargo, no existe un criterio unificado de qué es bello y qué no lo es, por más que socialmente nos inciten a creer que sí. La cuestión de la belleza es un problema epistemológico complejo, pues nos lleva a pensar: ¿la percepción de lo bello es algo personal o algo impuesto? ¿qué es la belleza? ¿por qué hay cosas que para algunos son repulsivas y para otros son bellas?
Preguntarnos acerca de lo bello nos lleva a reflexionar nuestras propias categorías y a cuestionarlas. En el texto, Esbozo sobre la belleza de Juan Carlos Núñez, se nos invita a considerar un concepto muy interesante: ¿por qué encontramos belleza en cosas que normalmente no nos resultarían bellas? La respuesta no nos la proporciona, pero nos invita a reflexionar sobre un problema epistemológico importante, ¿qué tanto de lo que creemos que no es bello parte de una construcción social?
Para ilustrar este problema me gustaría poner una costumbre que a las mujeres se nos impone desde jóvenes: remover el vello de nuestro cuerpo. ¿Por qué se considera que una mujer con vello corporal no es bella, comparada con una que sí? El Museo de la Mujer en California nos cuenta la historia de cómo es que esta práctica comenzó a normalizarse a partir de la entrada del siglo XX. La remoción del vello corporal femenino fue una estrategia de tres industrias muy importantes: la industria de la moda femenina, la industria masculina de remoción de vello y la industria de las revistas para mujeres. Como una estrategia para explotar a la mujer como nueva consumidora en un mercado que antes no existía, se comenzó a expandir la idea de que una mujer sin vello corporal era bella, y que de lo contrario, su aspecto no sería deseable. Durante miles y miles de años, las mujeres no necesitaron depilarse el cuerpo para que se validara su belleza, pero dado que a través de los años se ha convertido en una práctica obligada, pocas veces se llega a cuestionar por qué se le asigna la categoría de bello. ¿Acaso si Gillette nunca hubiera puesto tanto empeño en que las mujeres también compraran rastrillos, se seguiría viéndolo como algo deseable?
No hay que olvidar que, a final del día, la idea de lo bello se mantiene solo como eso, como una idea. Si tenemos concepciones internas o impuestas desde afuera sobre lo que es bello, no podemos saberlo objetivamente, porque hay muchísimas cosas que desconocemos. Lo que sí es posible, es cuestionar de dónde vienen nuestras ideas de lo bello y quién nos las dijo. Lo bello es algo que se percibe desde la subjetividad, aunque nos hagan creer que existen cánones objetivos de lo bello. El poder reconocer que una categoría de belleza es problemática, no es garantía de que dentro de nosotros no existan un millón más, pero sí nos permite darnos cuenta de que lo que para nosotros puede ser bello, no necesariamente está mal por salirse del estándar.

Me quedo con tu frase: «nos lleva a reflexionar nuestras propias categorías y a cuestionarlas», ésta es la razón por la que tu pregunta efectivamente es una pregunta epistemológica, pues cuestiona el conocimiento que se ha creado, en este caso, alrededor de una categoría estética.
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