México en el siglo XVIII: La vida y las costumbres

Muchas de las prácticas que mantenemos el día de hoy son reminiscencias de nuestro pasado. Después de alcanzar su independencia, la sociedad mexicana tuvo que adaptarse a una serie de turbulencias y cambios que los hicieron repensar muchas de las prácticas que estaban arrastrando desde la época colonial. La sociedad mexicana del siglo XVIII no tenía tampoco tantas diferencias con la forma social de organización contemporánea; era una sociedad profundamente religiosa, desigual, machista y clasista. Sus usos y costumbres responden a un pasado colonial que entró en conflicto con una necesidad de reinventarse de manera secular, para poder alcanzar el ideal de modernidad de la época.

El modelo de producción de la época era fundamentalmente rural, y el sistema de haciendas y latifundios era el agregado de miles de unidades económicas que mantenían relaciones feudales. Había un señor que manejaba la hacienda, y a su vez indígenas y/o campesinos que la trabajaban a cambio de medios para subsistir. Muchas veces, en ranchos más pequeños que no alcanzaban a ser haciendas completas, se alquilaba a estos indígenas o campesinos para trabajar como jornaleros. (Liss, 1977, p. 275). Los servicios más importantes se encontraban principalmente en las grandes ciudades o exclusivamente en la Ciudad de México, lo cual dejaba en una situación de marginación a las comunidades rurales.

A inicios del siglo XVIII, las autoridades civiles y eclesiásticas eran actores clave que intervenían cuando el hambre o las epidemias azotaban a la población. El pulque era una bebida que servía como suplemento para la escasa nutrición, y además como una forma de recreación para las personas de escasos recursos. La Iglesia, servía como paliativo para aquellas personas que sufrían de enfermedades cuya cura aún no estaba disponible en México o que todavía no había diagnósticos disponibles en el país. Además, las costumbres religiosas eran predominantes tanto en el ámbito público como en el privado, en el ámbito privado destacaba principalmente la veneración de imágenes religiosas, santos y rituales que indicaba la Iglesia católica. (Gonzalbo, 2004, p. 14-15).

La relación entre hombres y mujeres era problemática como lo sigue siendo el día de hoy, pero en ese entonces las disparidades eran aún más marcadas. La percepción del matrimonio entonces, era una de conveniencia familiar, es decir, que los hombres y las mujeres se casaban entre sí para satisfacer el interés de la familia. Las mismas mujeres se asumían como inferiores al hombre, y aceptaban su papel dentro de esta sociedad patriarcal, que las constreñía y las hacía menos constantemente. (Gonzalbo, 2004, p.15)

22/03/2020: Después de leer las opiniones vertidas en el foro, puedo concluir que el momento y el lugar en el que crecemos tiene mucho que ver en la forma en la que veremos las cosas durante nuestra vida. Principalmente, porque hay valores compartidos dependiendo de la época en la que alguien viva, es por eso que muchas de las ideas de nuestros padres o abuelos nos parecen retrógradas o conservadoras. La realidad es que sus ideas reflejan la época en la que vivieron y es muy difícil cambiarlas, porque son los valores con los que crecieron; aunque eso no quiere decir que cambiarlas sea imposible.

Referencias

Gonzalbo, P. (2004). El siglo XVIII: entre tradición y cambio. Historia de la vida cotidiana en México, 13-17.
Liss, P. K. (1977). México en el siglo XVIII: Algunos problemas e interpretaciones cambiantes. Historia Mexicana, 273-315.

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