El peligro de la historia única

¿A través de qué historias percibimos el mundo?

Las historias las percibimos y las conocemos a partir de lo que nos cuentan. Nuestras percepciones de las cosas están determinadas por quienes las construyen alrededor de nosotros, están condicionadas a quién nos las cuenta y cómo lo hace. Las historias que nos enseñan desde niños están contadas por aquellos que tienen el poder de escribirlas. Pensemos tan solo en la historia «universal» que nos enseñan en la educación básica, aprendemos mucho sobre Europa, el renacimiento, la civilización occidental, los griegos… Pero aprendemos poco (o nada) sobre Asia, África o Medio Oriente. Muy poca gente sabe que el té no es una invención británica, si no que viene de China; que la imprenta tampoco se originó en Europa, lo hizo en Asia muchísimo tiempo antes o que Jesús nunca fue blanco ni tenía ojos azules, si no que alguien decidió pintarlo de esa manera y hasta ahora esa es la historia que ha prevalecido.

La narrativa se nos impone desde quienes tienen el privilegio de contar las historias, es por eso que si se habla de la historia de la abolición de la esclavitud, nunca se encuentran los testimonios de los esclavos, se encuentran los testimonios de sus dueños o de quienes «los liberaron». Ejemplos como estos abundan en nuestra vida cotidiana, pero es muy difícil darse cuenta cuando ni siquiera sabes que hay otra información ahí afuera. Percibimos el mundo desde las historias que nos han contado siempre, y lo damos por sentado.

¿A través de qué historias creemos lo que creemos, pensamos y conocemos?

Las historias que construyen lo que creemos son aquellas que reflejan los valores que siempre nos han enseñado. Las cosas que nos cuentan van reforzando ideas que se nos han sido impuestas a lo largo de los años. Pensemos en una persona que vive en el centro de Estados Unidos, alguien que nunca ha salido de su estado o siquiera de su ciudad, cuya única percepción de los mexicanos son las historias que escucha en la radio o que ve en redes sociales. Si la única referencia de esa persona acerca de los mexicanos es lo que se dice en las noticias, entonces muy probablemente crecerá pensando que los migrantes llegan a su país a «robar trabajos» y «colgarse del sistema». Y no es que creer o pensar ciertas cosas necesariamente signifique que alguien está bien o está mal, en realidad las creencias son un producto del contexto y muchas veces de la propia ignorancia. En otras palabras, el que alguien piense de cierta manera o crea determinadas cosas es un reflejo de las historias que ha aprendido, ¿es una justificación del odio? no; pero sí sirve para dar una explicación de por qué hay personas que creen lo que creen y por qué hay otras que deciden cambiarlo.

¿Cómo nos influyen el conocimiento y la cultura?

La forma en la que conocemos las cosas está fuertemente influenciada por la cultura en la que nos tocó nacer, uno no escoge el lugar en el que nace, pero sí se puede escoger dejar atrás las cosas que nos dejan de hacer sentido. Si bien la forma en que nos educan tiene un fuerte impacto en la manera en que llegamos a percibir el mundo, no hay nada que nos impida aprender nuevas cosas, desaprender dogmas o simplemente decidir pensar de manera diferente. La cultura influye, pero no determina, pues los únicos que pueden determinar cómo pensamos somos nosotros mismos.

Un comentario en “El peligro de la historia única

  1. Avatar de alejandradlatorre

    Excelentes respuestas, Karla! Recuperas un aspecto fundamental: «la narrativa se nos impone desde quienes tienen el privilegio de contar las historias», si pensamos en ello, imagínate cómo está filtrado nuestro conocimiento y, por lo tanto, nuestra visión del mundo. Imagínate los sesgos tan fuertes que tiene y las implicaciones en términos de aquello que ha configurado nuestra sociedad.

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